El collar de perlas, un símbolo social

Collar de perlas

Las Perlas originadas por la Naturaleza no necesitan ningún tratamiento para revelar su encanto. Las perlas nacen de las Ostras Madres, y poseen un lustre iridiscente y brillo interno que no es igualado por ninguna otra gema del mundo.

Dónde se generan las perlas

Estos regalos del mar se encuentran desde el Golfo Pérsico hasta el Mar Rojo. En los ríos de China se encuentran perlas de agua dulce.

El mayor productor mundial de perlas y collares de perlas es Japón. Hay perlas de varias tonalidades: grises irisadas, amarillas tornasoladas y negras.

Estos colores varían según la composición de las aguas del mar donde se encuentren. Por su forma, también se encuentran perlas hemisféricas, medias perlas o “blister”, y se llaman barrocas las perlas irregulares originadas por partículas de formas asimétricas.

Es muy difícil hallar las ostras perleras y desprenderlas de las rocas marinas. Tampoco en todas las ostras se encuentra esta gema. El lento crecimiento de cada perla es el hecho por lo cual los collares de perlas resultan ser tan caros; y su precio aumenta con cada milímetro de aumento en su tamaño. La gran demanda y pocas ofertas naturales de perlas llevaron a producir perlas cultivadas desde el año 1920, este proceso se realiza colocando partículas de nácar dentro de las ostras perleras. Las perlas Majorica, son símil cultivo: se imita el proceso de capas de nácar logrando un efecto irisado que sólo los expertos pueden llegar a distinguirlas de las perlas naturales. Hasta principios del siglo XX, los collares de perlas naturales se encontraban sólo al alcance de las personas que poseían grandes fortunas. En la antigua Roma, los collares de perlas eran consideradas como el más alto símbolo de posición social; durante el Renacimiento, en algunos países de Europa, los collares de perlas o cualquier joya con perlas incrustadas se encontraban prohibidas para las personas que no pertenecían a la nobleza y, una vez descubierto el Nuevo Mundo, al encontrarlas en las aguas de la América Central, contribuyeron a la riqueza del Viejo Continente, principalmente de la Corona Española.

El collar de perlas y la alta costura

Los creadores y diseñadores de alta costura han acudido a las perlas como una de sus joyas favoritas. El collar de perlas es un accesorio que no debe faltar en el joyero de una mujer. Se puede asegurar que el collar de perlas es una joya que se puede adaptar a distintas formas de vestir según los conjuntos con que se quiera combinar. Un collar corto de perlas, de tres vueltas, combina bien con vestidos con cuello a la caja o en escote en V. Si el collar es corto y de una sola vuelta, puede combinar con cualquier prenda de vestir sport o hasta con un traje de noche. El tamaño llamado «Princesa», que varía entre los 43 y los 48 cm., es el más apropiado para cuellos redondos y altos. El «Matinée» de 50 o 60 cm. combina bien con ropa sport o profesional. En cambio, el collar largo conocido como «Ópera», de 71 ó 86 cm. ajusta muy bien con escotes altos y redondos. El más sexy es el largo «Cuerda» que puede alcanzar hasta 1m. Un joyero puede hacer maravillas con un collar de perlas y colocarle broches para separarlo y convertirlo en combinaciones de varias vueltas y brazaletes. Los collares de perlas son las gemas que más favorecen y las que mejor realzan cualquier modelo de alta costura.

Reconocer las imitaciones

No es extraño que la bisutería haya recurrido a su enorme influencia para fabricar imitaciones, por eso hay que tener cuidado para que no nos engañen a la hora de comprar un collar de perlas. Las perlas de imitación, hechas a través de procesos mecánicos, no se pueden considerar una joya. Así como las perlas naturales y las cultivadas son joyas verdaderas, un hermoso regalo de la naturaleza, las de imitación no tienen este valor ni mucho menos esta aureola casi legendaria. Las mejores perlas de imitación son hechas con cuentas de vidrio, cerámica, concha o plástico, cubiertas con un barniz hecho de laca y escamas de pescado trituradas para simular el iris y el color de una perla. Por muy perfecta que sea la ejecución, cualquier joyero con amplia experiencia puede reconocerlas. Una buena forma de averiguarlo es con la clásica «prueba del diente». Si rozamos unas perlas de imitación con los dientes, notaremos un tacto suave, en cambio, al rozar las perlas naturales o cultivadas se siente una impresión arenosa que viene de la estructura cristalina del nácar. Si quiere que sus perlas se conserven perfectas y brillantes durante muchos años, tome las siguientes precauciones: los cosméticos, perfumes y lacas tienen productos químicos que pueden maltratar el brillo de la perla. Colóqueselas siempre después de haberse aplicado ya estos productos. Una vez usadas, límpielas con un paño húmedo para eliminar cualquier posible resto de algún producto dañino. Lave su collar de perlas con un jabón suave. Mantenga sus perlas separadas de otras piezas de joyería más pesadas para evitar que se rayen. Lo mejor es colocarlas dentro de una bolsita de tela suave o separada en un joyero, forrado por dentro con seda o terciopelo.

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